Historia del Club
Historia del Trofeo de Su Majestad el Rey

En 1873 la puerta principal de Málaga era su Puerto. Un Puerto considerado como uno de los mejores del Mediterráneo, por donde entraban y salían ingentes cantidades de productos y en donde recalaban barcos de todas las banderas del mundo.
En aquella época, sobre todo durante la Vendeja, era corriente ver cómo las altas fragatas, los esbeltos bergantines o los pataches panzudos hacían cola en la bahía en espera de poder acostar sus bandas al pétreo malecón de los muelles, para llenar sus bodegas con los famosos frutos secos y vinos malagueños.
Toda la ciudad se encontraba implicada en la empresa y ella misma se convertía en empresa y espejo de popa de muchos navíos. Sobre el nombre de Málaga lucían, en letras doradas, los que distinguían a las famosas y bellas "barcas blancas de Heredia", y que llevaron con orgullo el nombre de nuestra capital por las azules singladuras de los siete mares.
En aquella Málaga marinera del pasado siglo, se reunieron un día un grupo de malagueños y decidieron fundar, al estilo de los que había en otros países, un club náutico donde pudieran aprovechar sus ratos de ocio ejerciendo unas actividades que eran su afición: Los deportes del mar y las regatas a remo o a vela.
Así nació este Club Mediterráneo, el primero que se fundó en nuestro país. Y creció con arraigo, pues tras un largo siglo de vicisitudes permanece ahí plantado sobre esa especie de brazo femenino que es el paseo de la Farola, siempre abrazado al mar; veterano compañero de ese faro que graciosamente un día cambió de sexo y se transformó en alba Farola, que noche tras noche, ilumina las aguas malacitanas y guiña picarescamente a los barcos que cruzan allá por el canto y las foneras.
Desde 1873 son muchos años sobre los que cargan miles de circunstancias y vicisitudes. Guerras, temporales, terremotos, epidemias... De todo hubo en la historia de nuestra milenaria ciudad, mas ninguno de ellos pudo con el entusiasmo de los hijos, nietos y biznietos de aquellos malagueños que fundaron el primitivo club, y que siguieron considerando el Mediterráneo como una prolongación de sus casas; el perfecto campo donde esparcir sus espíritus y aficiones.
Entre aquella barraca flotante que se amarraba bajo la pequeña y bella capillita del Muelle Viejo y el edificio social que es sede actual de nuestro club, está encerrada una larga historia de entusiasmo, entrega, y sobre todo, de inmenso amor al mar. Amor a ese mar que surcaron nuestros hombres, esos que aparecen en las viejas fotografías, a ese mar que surcan los de ahora y que también surcaron todas esas generaciones ya idas del mundo -mas no de nuestra memoria- y a los que desde aquí enviamos el emocionado recuerdo de nuestro afecto.
Ellos y nosotros, los que ahora tan solo una infantil vivacidad y también los que vendrán después, defendieron y defenderán con el mejor espíritu deportivo estos colores de nuestro club, colores que para nosotros no sólo representan algo tan entrañable como el Real Club Mediterráneo, sino también nuestro propio país, pues como premio a ser pioneros de todos los de España, la Reina Regente le concedió como alto honor el título de Real y su grimpolón con el rojo y gualda de nuestra bandera.
En Enero de 1998, se concedió al Real Club Mediterráneo de Málaga la Placa de Oro del Mérito Deportivo, la más alta distinción que se otorga en España a una entidad deportiva. Esta distinción coincidente con el 125 aniversario de la fundación de nuestro club, nos llenó de orgullo a todos los que formamos la gran familia Mediterráneo, galardón que compartimos con la ciudad de Málaga en la que estamos integrados.
El objetivo principal del Real Club Mediterráneo desde su fundación, es fomentar los deportes náuticos en sus diferentes manifestaciones: vela, remo, piragüismo, motonáutica, natación, pesca deportiva, etc; y al fin promocionar fundamentalmente tales deportes organizando al efecto actividades en todas las especialidades náuticas.
© Real Club Mediterráneo de Málaga, 2010



